Leonardo Villena le entrega la sra presidenta del Centro Artistico de Granada un lote de sus libros

EN DEFENSA DEL ARTÍCULO EL EN EL NOMBRE DE EL PADUL

Este escrito está inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual a nombre de Leonardo Villena con el núm: GR-289-2008, y entregado en el registro del ayuntamiento de El Padul en fecha de 30/06/08.

 

En el número 41 del boletín de la Asociación Española de Amigos de Los Castillos, con fecha del 2º trimestre del año de 1,963, en el año 11 de este boletín, un sacerdote del Valle, años ha fallecido, en la pág 91, dedica una importantísima monografía titulada “EL CASTILLO DEL PADUL”, no solamente a la Casa Grande, sino que glosaba y glosa con bastante detalle la historia del pueblo, aunque elaborando unas conjeturas sobre el origen del nombre que no comparto. En el resto, incluido el nombre, acato sus presupuestos.

En aquellos días, hablando sobre el origen del nombre de El Padul, este sacerdote aseguraba que el nombre ibérico de nuestra villa,  extraído y traducido del vascuence, supuestamente la lengua de los celtas, que poblaron la región penibética antes de pasar hacia la cornisa cantábrica, era el de Ylipalay, que significaba y significa “Casa junto a la laguna”.

Asegura este sacerdote que, por aquellos días, la laguna rebosaba de aguas porque carecía de aliviadero y desagües que les dieran salida, que eran malolientes y malsanas por la podredumbre del estancamiento y por las turbas y el paludismo era una enfermedad endémica en el lugar. También asegura que, según el prof. Lafuente Alcántara, los generales romanos Cayo Flaminio y Lucio Emilio Paulo lucharon aquí con los lusitanos y los turdetanos.

Sin embargo, manteniendo las especulaciones que resucitara el preste referido, yo creo que su nombre no fue el de Ylipalay, sino el de Illípula,([1]) lugar próximo a Illíberis, donde se desarrolló una fortísima batalla en la que, según Lafuente,  los iliberitanos derrotaron a las tropas del procónsul romano Porcio Catón. Como consecuencia de tal derrota, siguiendo en su tradición de ampliar el Imperio por las armas o por la diplomacia, los iliberitanos acataron el dominio romano a cambio de que ILLÍBERIS poseyera el status de CIVITAS ROMANA, que pasó a llamarse “CIVITAS FLORENTINA ILLIBERITANA”. Por ello, los nativos de estas tierras gozaron del privilegio de que solamente podían ser juzgados y condenados por el senado romano. Y así, no se adhirió a ninguno de los dos colegios legales que existían en La Bética, ni el egabrense ni el hispalense.

De lo que sí hay referencias históricas es de que, al parecer, el general Fabio Áureo Emilio, tras la batalla de Munda, junto a la Montilla actual, en la provincia de Córdoba, entre los hijos de Pompeyo contra Julio César, remansó sus tropas “IN DOMO AD PALUDEM” durante unos cincuenta días, mientras llegaba a SEXI ( Almuñécar) la flota que habría de devolverlos a la capital del imperio.

Es sumamente importante esta referencia para dilucidar el nombre latino de El Padul por las siguientes razones:

1ª) Los topónimos latinos nunca se daban en acusativo (ad paludem) si no era en referencia a un lugar relacionado con un accidente geográfico. Así, para nombrar a la laguna, le daban el nombre en nominativo: Palus.

2º) Este mismo caso lo hallamos en La Mamola, donde existe todavía una pequeña loma que se asemeja al pecho de una joven.”Mammula”

3º) Otorgado el nombre al accidente geográfico, los establecimientos humanos inmediatos recibían el nombre de domus (de domus- domi = casa) o de locus (de locus- loci = lugar), seguido por la preposición ad, que significaba JUNTO A, a la que seguía el nombre del accidente en ACUSATIVO.

4º) Siguiendo estas premisas, hay que reconocer que nuestro pueblo jamás se llamó Palus, que era el nombre de la laguna, sino que recibió el nombre de DOMUS o LOCUS AD PALUDEM, QUE SIGNIFICABA Casa Junto a La Laguna o lugar junto a La Laguna.

5º) Asumidos como ciertos estos postulados, hemos de ver que, antes del acusativo paludEM aparece una partícula PRE-NOMINAL que es la PRE-POSICIÖN.

La palabra pre- nominal quiere decir que VA DELANTE DEL NOMBRE.

La palabra pre-posición quiere decir que ocupa la posición anterior.

6º) Habida cuenta y demostrado que la PREPOSICIÓN es una partícula PRE-NOMINAL, QUE VA DELANTE DEL NOMBRE, hay que preguntarse: ¿Y que es el artículo, o el determinante artículo, como se le llama ahora, SINO UNA PARTÏCULA PRE-NOMINAL? ¿Y qué son los demás determinantes de ambas lenguas, la latina y la española, sino partículas pre-nominales?

7º) Al carecer el latín de los artículos, que en nuestra lengua son determinantes y partículas pre- nominales porque van delante del nombre al que determinan, los romanos los suplían con otras partículas pre- nominales, como en este caso lo es la preposición y decía, por ejemplo: (ego) “eo ad paludem” = yo voy junto a la laguna o voy a la laguna, que valen ambas traducciones, aunque en el segundo caso no haría falta la preposición.

8º) Cuando, devorado por el tiempo, como todos los imperios y todas las civilizaciones, se hundió el imperio romano, las oleadas de pueblos germánicos, que eran analfabetos, aceptaron la lengua y la cultura hispanorromana. Pero, ¡ojo!, ya no era una cultura romana ni latina, sino derivada de aquellas en gran parte, en casi todo, porque empezaron a entrarle las aportaciones germánicas y las populares. Al ser innovaciones de gentes poco cultas o incultas, comenzaron a corromper el latín porque, entre otras razones, al caer el imperio romano, se acabaron los flujos lingüísticos, que arrastraban las legiones, los administradores y los políticos, que eran los que mantenían en Hispania la pureza del latín. Desapareció de la calle el lenguaje culto que, sin embargo, empezó a recluirse en los conventos y en los monasterios, en donde tantísimas personas, hombres y mujeres y niños, profesaban vida religiosa para comer y vestir dignamente, librándose de las hambrunas seculares, hasta que el papado restringió las profesiones.

Y fue durante la dominación visigoda cuando los nombres latinos empezaron  a sufrir, o a gozar,  o a experimentar, en todo caso, las transformaciones lógicas que cada lengua recibe en su vida, desde su nacimiento.

Aunque mantuvo la partícula pre-nominal ad, el nombre de ad paludem sufrió aliteración, al perder el sufijo acusativo em, y una doble metátesis al cambiar del lugar la L por el de la D, pues no se decía AD PALUD, sino ad PADUL.

Detrás de los visigodos llegaron los musulmanes, que poseían una cultura superior(no a la romana,¡ojo!) y un alfabeto completísimo donde ya aparecía con personalidad propia la partícula pre- nominal conocida como artículo. Y estos señores, que poseían el artículo, cambiaron la partícula pre-nominal AD por otra más racional y usual para ellos, que era Al. Pero el hecho de que los musulmanes cambiaran la letra D por la letra L no quiere decir que ellos aportaran al nombre la partícula pre-nominal, se llamara como se llamara, sino que adaptaron a su lengua una partícula anterior, una partícula preexistente que carecía de sentido y de una grafía lógica para ellos.

Se puede decir, por ello, que los musulmanes no le dieron tal partícula pre-nominal al nombre de El Padul, no le antepusieron el artículo, sino que ya existía tal partícula pre-nominal antes de su llegada porque, en el caso en que se la hubieran dado los musulmanes, como era su costumbre, como es usual dentro de la Lengua Árabe, hubieran asimilado el artículo al nombre, fusionándolo con él y en Vez de decir Al Badul, o Al Padul, hubieran escrito ALBADUL, todo junto, como hicieron con AL-BUÑUELAS, AL-MONTE o AL-MACILES y con tantísimos nombres propios como aportaron a la toponimia española. Y aunque hubieran sido los musulmanes quienes hubieran aportado el artículo al nombre propio de El Padul, hemos de considerar que hace ya MIL TRESCIENTOS AÑOS de su llegada, tiempo más que suficiente para considerar consolidado el artículo en el nombre de EL PADUL y como una parte muy respetable de nuestra tradición. ¿O no? Y yo me pregunto, ¿Por qué hemos de eliminar el artículo del nombre de nuestro pueblo, porque no lo usaban los romanos, y no hemos de eliminar también el uso del chocolate, de la bicicleta o del automóvil porque tampoco los usaron los romanos? ¿Podemos prohibir, por esa misma razón, el uso del nombre de España, o el de Granada, porque tampoco los usaron los romanos?,  aunque de éste penúltimo supuesto ya se están ocupando otros gracias, al erario público.

Que me dispensen los lectores pero es que yo veo igual de absurdas, disparatadas y aberrantes todas las propuestas de suprimir partículas lingüísticas porque serán el tiempo y el desuso quiénes las supriman.

La mayor aportación que los visigodos le hicieron a nuestra cultura no fue, posiblemente, en la escultura ni en la arquitectura sino en la gramática, a pesar de su analfabetismo, pues nos legaron infinidad de nombres y una tradición, muy extendida entre los pueblos nórdicos, como es la de añadir un sufijo al nombre del padre que, aplicado al retoño, significa HIJO DE… Así, para nosotros es habitual nombrar a cualquier persona como RodríguEZ, LópEZ, AntúnEZ…, que significan: hijo de Rodrigo, hijo de Lope, hijo de Antón…etc.

Entre los pueblos eslavos es habitual el uso del sufijo OV para indicar HIJO DE y el de OVNA para el femenino.

Los ostrogodos introdujeron en Italia el INI para indicar HIJO DE. ¿Qué hacemos, eliminamos de las lenguas romances tales desinencias, por la misma lógica del artículo en el nombre de El Padul, porque no las usaron los romanos? El mayor inconveniente que le vemos es que nosotros no sabemos ni pajote de Latín, que era la lengua que hablaban los romanos y, por esos mismos silogismos, deberíamos de volver a estudiarlo para usarlo como nuestra lengua materna. ¿O es preferible que respetemos el castellano, con todas sus grandezas y limitaciones? Más bien sí. ¿NO?

Todos sabemos que la entrada de los musulmanes en España hubiera sido imposible sin la colaboración de los cristianos y sin la traición del obispo don Opas, que fue quién cambió la suerte de la batalla de Guadalete. Y esa acción supuso que los focos resistentes del norte de la Península hubieran de pasar 781 años de batallas para recuperar el terreno perdido. Fueron ocho siglos preñados de avatares heroicos y sangrientos y de novedades culturales que, aunque no las conocieran los romanos, sucedieron… Y estas fueron algunas de las principales:

Apenas los cristianos de los núcleos montañosos resistentes empezaron a bajar de las montañas, se encontraron con que la gente más sencilla, lo que siempre se ha llamado EL PUEBLO LLANO, (pero no porque ya vivieran en los llanos de Castilla La Vieja) había empezado a hablar una jerga diferente en cada lugar: Una en Galicia, otra en Castilla, otra en la Marca Hispánica…

La jerga que empezaron a hablar en el norte-centro, en la región después llamada Castilla, recibió el nombre de castellano. Esta jerga es la que un fraile llamado Gonzalo de Berceo, del monasterio de Silos, nombró como román paladino,

 

Quiero hacer un verso en román paladino

En el cual suele el pueblo hablar a su vecino…,

 

Llegó a ser una bonita lengua nueva, La Lengua Castellana, cuya partida de nacimiento firmó otro fraile desconocido, al escribir unas anotaciones, en román paladino, en los márgenes de un tratado, redactado en Latín, que se titula “Églogas Emilianenses”, en el monasterio de San Millán de la Cogolla

Esta nueva lengua, avalada en su nacimiento por religiosos confesos, era derivada, hija por lo tanto, de otra lengua anterior, muy culta y enormemente venerable, que se llamaba LENGUA LATINA; era parecida, como buena hija, pero no igual. Entonces, si nuestra lengua no es la latina, ¿como quieren algunas personas que pronunciemos en latín el nombre de nuestro pueblo?

Esta lengua ROMANCE, derivada de la que hablaban los romanos, adquirió naturaleza y carta de madurez cuando dos grandes grupos poéticos, conocidos como Méster de Juglaría y Méster de Clerecía se dedicaron a componer poemas, para recitar de memoria los primeros y para leer los segundos:

 

Mester trago fermoso non es de joglaría

Méster a sin pecado ca es de clerecía

Fablar curso rimado a cuaderna vía,

A sílabas cuntadas, que es grand maestría.

 

Este tetrástrofo monorrimo, creemos que de Gonzalo de Berceo, es, con las Jarchas y los céjeles, una de las primeras joyas de nuestra lengua. Se aprecian en él muchas palabras todavía en transformación porque nuestra lengua solamente adquiere la mayoría de edad cuando, en Granada, un matrimonio, don Elio Antonio de Lebrija, que recibía el apodo de “Nebrija”, gran conocedor del latín y de la nueva lengua que ya se hablaba y que se escribía a nivel popular, o sea, fuera de los conventos, elaboró la PRIMERA GRAMÁTICA CASTELLANA, aprovechando, como no, todos los preceptos gramaticales aprovechables que le prestaba la gramática de la lengua madre, el LATÍN. Y doña Beatriz Galindo, La Latina ([2]), preceptora de príncipes y de nobles, no lo censuró por su atentado contra la Lengua Madre. (Cuando estudiábamos, decíamos que el latín era la lengua madre y el latazo padre. También decíamos: latín, latón, latazo. Es la lengua quita la paciencia y las ganas de estudiar. La realidad es que desde que desapareció el latín de nuestros planes de estudios, la cultura española se desplomó).

Esta primera gramática castellana fue el sendero irrenunciable que le dio vida, de mediados del siglo XVI a mediados del siglo XVII, a esa época talentuda, irrepetida e irrepetible que se conoce como EL SIGLO DE ORO español.  Y todo esto nació de un pueblo llano, inculto y analfabeto porque las lenguas nacen en la humildad, en los mercadillos, en la pobreza y en la picardía de las aldeas, de las villas y de los barrios marginales y de los suburbios más humildes hasta que las personas cultas las cargan de las riquezas y normas que precisan como lenguas vivas y modernas.

Pero, claro, esto ocurre en las anchuras de Castilla, donde se habla durante gran parte de la edad media una jerga fronteriza que no pasa de ser un híbrido entre el latín y el árabe y fue por ello, no cabe duda (¿O TAL VEZ SI CABE?), por lo que el castellano asimiló el artículo tras ocho siglos de contacto con la lengua árabe. Podríamos decir esto y defenderlo al estilo medieval, a capa y espada, si no fuera porque en Galicia, a donde no llegaron los árabes, también le dieron el artículo a su lengua. A CORUÑA, O GROVE, O PORTO…

Sin embargo, los francos, que no tuvieron más contacto con los musulmanes que en la batalla de Poitiers, en la Marca Hispánica, en las cruzadas y en la defensa de sus islas mediterráneas, muy poco para recibir sus influencias lingüísticas, también poseen en su gramática el determinante artículo como medio para explicar el nombre al que precede. ¿Y por qué lo admitieron los franceses, si no existía en el latín? ¿Era para vengarse de lo que Julio César le hizo penar a Vercingetórix  en su “De Bello Gállico”?. ¿Y lo que penamos los demás, cuando los tradujimos? ¡Cometió un atentado contra la cultura, y no tiene perdón de Dios, quién incluyera el artículo en su gramática porque los romanos no lo usaban! Además, los romanos usaban los pronombres demostrativos, Ille, illa, illud, como eso, como pronombres y el pronombre no acompaña sino que sustituye ¿Y se atrevieron a deformarlo?. O sea, ¿que los franceses también arabizaron su lengua al introducir el artículo? Pero… ¿y los ingleses, que hicieron al adquirir el THE?. Por favor, dejémonos de absurdos y admitamos el uso del artículo como UNA NECESIDAD PARA AYUDAR, FACILITAR Y  MEJORAR  EL CONOCIMIENTO DEL NOMBRE Y LA EXPRESIVIDAD DE LAS LENGUAS MODERNAS, SIN COMPLEJO DE NINGUNA CLASE POR SU ORIGEN NO LATINO o MUSULMÁN. Además, el artículo de las lenguas romances no se deriva del árabe, sino del ille- illa- illud latino (¿Asombroso, no?, sobre todo para las personas que acusan de arabizante el artículo de las lenguas romances).

La civilización romana desconocía la numeración que ahora llamamos arábiga, y que los árabes copiaron de La India, y el uso del CERO como nuevo símbolo y COMO NUEVO CONCEPTO MATEMÁTICO. ¿Qué hacemos, lo rechazamos también por su origen…, o porque no lo conocieran los romanos?

Si los lingüistas rechazan el uso del artículo ante los nombres de persona,  ¡bueno!, habrá que aceptarlo, pero El Padul no es una persona, sino un pueblo, o una villa, para ser más exactos, con una bella y larga historia que hay que respetar. Y los artículos de los topónimos han sido y son parte de los nombres. Y si no, que les digan a los manchegos que, por orden personas puristas en la lengua castellana, se van a suprimir los artículos que preceden a los nombres propios y que, de ahora en adelante, en lugar de llamarse su tierra La Mancha, se llamará Mancha exclusivamente; igual haremos con La Rioja, que será llamada Río Oja, como perdería su artículo El Ampurdán. Alguien se aprovecha de la situación porque es más fácil, cómodo y barato suprimir los artículos y las preposiciones de todos los nombres propios que gastarse un dinerillo de todos en la elaboración de los rótulos y en la compra de programas informáticos que los admitan ( a los artículos), cuando tantísimos millones de euros se despilfarran todos los años, por ejemplo, en hacerse auto-propaganda. Porque ¿qué hubieran dicho los dirigentes socialistas, y los socialistas de base, y el pueblo llano, SI HUBIERA SIDO EL ÜLTIMO TIRANO NACIONAL el que hubiera dispuesto de cambiarnos los nombres? ( y me queda una duda: ¿quién ha sido el último tirano nacional?. ¿Y no ha habido ningún tirano más después del dictador reconocido por todos?)

Yo me pregunto y les pregunto a los lectores: ¿por qué Las Gabias o La Malahá mantienen sus respectivos artículos y El PADUL ha de perderlo? El ayuntamiento de El Valle tiene treinta y cinco años de vida y mantiene el artículo como parte del nombre. ¿Por qué El PADUL NO?

Para todos los pueblos, para cualquier pueblo, por encima de los caprichos ocasionales de los políticos del momento, hay cosas tan sagradas, tan respetables y tan intocables como son la tradición, las costumbres y LA HISTORIA, con mayúscula; y nuestra historia, la historia de EL PADUL dice que SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE, a lo largo de los siglos, el nombre de nuestro pueblo se ha escrito con el artículo delante. Y aunque pensaba añadir al final una serie detalladísima de historiadores y de tratados de historia que recogen el nombre de nuestra villa con el artículo EL como partícula pre-nominal, aquí selecciono solamente algunos de los más determinantes:

En el primer tercio del siglo XIV, cuando Pedro I El Cruel apeteció realizar una expedición turística por el Reino de Granada, llegó con sus barcos hasta Almuñécar, desembarcó y, siguiendo el cauce del Río Guadalfeo y del río Guadalfeo Menor, asomó un día por el lugar que nosotros conocemos como Cerro del Asomadillo y que los cozvijeños nombran todavía como La Zahambra, para quedar extasiado ante la vista de una alquería, pequeña y recoleta, que recibía el nombre de El Padul y que se recostaba sobre unos manantiales de aguas de enorme calidad y frescura en las faldas de una bonita y enriscada sierra.

En el año de 1,400, último del siglo XIV, en un plano o mapa, más bien mapa, de la Cora de Elvira, aparece la alquería de Al Badul como el núcleo de población más importante del Valle de Lecrín.

Todos los historiadores de la Reconquista del Reino de Granada, desde Hernán Pérez del Pulgar, por ejemplo, por hacer referencia solamente a los historiadores de toda seriedad (que los hubo prebostes…), todos, repito, TODOS SIN EXCEPCIÓN, se refieren a nuestro pueblo con el artículo por delante, porque el artículo ha sido y es, y esperamos que lo sea eternamente, parte del nombre. Es cierto que suprimieron el artículo los cronistas que escribieron en latín, pero sus traductores lo recogieron sin excepción.

Antes de tomar Granada, en la que fue la última escaramuza que desengañó a Boabdil de la posibilidad de mantener SU Reino de Granada, otro rey, EL CREADOR DE ESPAÑA, le escribió a su esposa, NUESTRA INSIGNE DOÑA ISABEL LA CATÓLICA, que andaba poniendo orden entre la nobleza castellana, una carta, desde El Padul, donde le decía: ME HALLO EN LA VILLA DE EL PADUL CON DIEZ MIL  DE A CABALLO, MIENTRAS QUE EL DE VILLENA (el díscolo marqués, que fue tres veces desprovisto de feudos, títulos y honores y tres veces le fueron restituidos) va de Razzia por El Val del IQLIM ([3]) (por deformación fonética castellana, para hacer comprensible el nombre, VALLE DE LECRÍN), para tomar la villa y fortaleza de EL PADUL…” ([4]) . ¿ Quien se atrevía a corregir al primer rey de España, que jamás portó tal título, sino el de Rey de Aragón?. Habría ayuntamientos que darían saltos de alegría si tropezaran con referencias tan claras del Católico…Pero, ¡bueno!, ¡ que le vamos a hacer los paduleños…! Este rey murió hace siglos y ahora, el que manda, manda y en El Padul tienen lacayos muy dóciles, presto/as a servirlos con inmediatez. De todas formas, para que no hagan demasiado el “REDÍCULO”, yo les suplicaría un favor a los desarticuladores: ¡Que nos “re-articulicen” el nombre…!

En el acta de creación del arzobispado de Granada, dato interesante sobre todo para los religiosos/as, aparece El Padul como “parroquia del Valle de Alecrín, que asiste a los anejos de Cozvíjar, Dúrcal y Nigüelas…”

Figura también en el acta de fundación de la Capitanía General de Granada, que el Rey Católico fundó en la persona del Marqués de Mondéjar, que recibió el título adicional de VIRREY DEL REINO DE GRANADA.

Esta circunstancia se repite en las actas de La Real Chancillería, recién trasladada a Granada desde Ciudad Real.

Todos los historiadores que hablan “del” Rebelión y Castigo de Los Moriscos, como Mármol Carvajal, Pérez de Hita, Hurtado de Mendoza…, etc., al referirse a nuestro pueblo, hablan de la “Villa, presidio y fortaleza de EL PADUL”.

En el año de gracia de 1,571, apenas concluida la guerra civil que promovió el clero de Granada contra los moriscos, don Pedro de OSORIO VARONA Y MARÍN, presbítero, FAMILIAR DEL SANTO OFICIO y Juez de la Santísima Inquisición, dando FE DE ELLO, levantó el LIBRO DE APEO Y REPARTIMIENTO DE SUERTES DEL LUGAR DEL PADUL. Este libro de apeo es un monumento ANTROPOLÓGICO: histórico, social, político y económico de tal envergadura que es la envidia de pueblos y ciudades del más rancio abolengo dentro y fuera de España; y para cualquier persona respetuosa con los sentimientos ajenos y con la historia de los demás, tal joya histórica sería suficiente como para rechazar cualquier alegato en contra del artículo en el nombre. (¡Pues no digamos nada de la carta del Rey Católico!. Pero los referidos, ¡Ni caso…!)  Nuestros cuestores y CENSORES están más por servir a sus caprichos e intereses que por respetar nuestra tradición y nuestra historia.

Las actas de la adquisición o compra de la Villa de El Padul por parte del ayuntamiento de Granada, cuando, en el año de 1,627, el rey Felipe IV, agobiado por las deudas que le ocasionaban sus guerras europeas, decidió “LA RESEÑORIALIZACIÓN DE 80,000 CIUDADANOS O LAS VILLAS DE REALENGO QUE ABARQUEN ESTA CANTIDAD”, El Padul estaba en tal relación, con su nombre y su artículo, y nos libramos (para empeorar …) de la reseñorialización, nos libramos de sufrir la férula de LOS SEÑORES DE  HORCA Y CUCHILLO gracias a los buenos oficios de don Antonio Martínez de Aróstegui, el compadre político al que el insigne cordobés don Pedro Calderón de la Barca le dedicó su ópera  DOCTOR CARLINO, que dice, entre otras lindezas

¿Yo componendas en juntas

que en el horno son de El Padul

poca poya y muchas nueces

abrenuncio y mandas tú?

Hay que tener en cuenta que Calderón de la Barca casi nunca usaba ninguna palabra con un solo sentido. La poya era el pan de romana que se cocía dentro de un lebrillo de cerámica. Se le llamaba poya por el migajón que tenía en el centro.

¿Puede esta ópera ser un nuevo monumento en defensa del artículo en el nombre de El PADUL? Pues sigamos, aunque salpicando datos y saltando siglos, para intentar abreviar.

A finales del siglo XVIII, cuando LOS ILUSTRADOS comprendieron que la primera obligación de un estado era la de darles de comer a los ciudadanos, don Pedro Sánchez de Teruel, conde de Villa- Amena, drenó la Laguna de EL PADUL para eliminar la enfermedad del paludismo y para poner en labranza los treinta mil marjales que ocupaban las aguas. Y, tras un acuerdo con el ayuntamiento de Granada, propietario de la villa de El Padul, y con el cabildo local, acometió una ímproba tarea que le costó mucho dinero al conde y muchos enfermos, por el trabajo malsano, al Padul y a Cozvíjar. Y como le faltó gente de labranza para las tierras roturadas, la hubo de traer de fuera. Fue, en parte, como la segunda repoblación cristiana de El Padul.

Por aquellos días, otro ILUSTRE ilustrado, Don ZENÖN DE SOMODEVILLA, Marqués de La Ensenada, por orden del rey Carlos III y de acuerdo con Él, que quería conocer la situación real de los pueblos y ciudades de España, realizó la ingente obra de obtener un catastro. Y en él, antes de entrar a describir el pueblo y de levantar el plano del mismo, les pregunta a los miembros del ayuntamiento:

“Reunidos en el cabildo local, presidido…., Hagan el favor de escribir completo el nombre de su pueblo”.

Respuesta: Reunidos en pleno del ayuntamiento y POR UNANIMIDAD, INFORMAMOS QUE NUESTRO PUEBLO SE LLAMA : EL PADUL.

Para cualquier persona medianamente razonable, estos datos serían suficientes para desechar las veleidades y caprichos de las personas que quieren eliminar el artículo del nombre de El Padul; pero, por si acaso, nosotros vamos a continuar aportando datos.

Pedro Antonio de Alarcón, en su Viaje a La Alpujarra, habla de su “llegada a la villa de El  PADUL, lugar de gestas inolvidables, donde un valiente guerrillero, el alcalde de Otívar…  Don Juan Fernández de Cañas, El Tío Caridad, el guerrillero conocido como el Alcalde de Otívar, en el memorando que elevó a las cortes nacionales, a raíz del cual le otorgaron el grado de coronel de la artillería costera, hablaba de las batallas que mantuvo contra las tropas francesas en la villa y los montes de EL PADUL”.

Durante los días del cantonalismo, en la 1ª República Española, en vísperas ya de la Restauración monárquica, los cantonalistas granadinos le impusieron a la villa de El Padul que contratara un ejército popular de cuatro soldados y un cabo, que era la dotación que le correspondía por su censo de población. Íllora, Montefrío y otros pueblos más alejados de la ciudad que El Padul se opusieron a obedecerlos, cayendo en el peligro de las represalias que, en aquellos días, solían ser la condena a muerte sumarísima.

En la desamortización de Mendizábal, nuestro pueblo, que puso en alhóndiga 462 hectáreas de tierras propiedad de la iglesia, aparece con el nombre de EL PADUL. La propiedad de muchas de estas tierras le procedían a la iglesia de los bienes hábices, heredados de la mezquita del pueblo.

Abundan los datos científicos de investigadores y empresarios que, en los primeros años del siglo XX, quisieron realizar investigaciones e incluso inversiones en “EL TURBAL DE EL PADUL”.

En el pleno ordinario del ayuntamiento de El Padul, celebrado el día 18 de Diciembre del año 2,000, después de oír a un maestro, hijo del pueblo, ya difunto,  los concejales, con la ausencia de uno de ellos, acordaron POR UNANIMIDAD que nuestro pueblo se llamara EL PADUL. ¿Y que más unanimidad que un individuo, por teléfono, al otro día de tomar posesión el nuevo cabildo, les ordenara a sus lacayos paduleños que le suprimieran el artículo al topónimo porque su programa informático no los admitía…?. Así cayeron los artículos de los nombres otros pueblos del viejo Reino de Granada…¿Recuerdo alguno…?. Es, por tanto, un capricho absurdo e incongruente que haya personas e instituciones que, por ahorrarse unos dineros, o por apoyar a sus compañeros de partido o de administración, pretendan mutilar el nombre quitándole el artículo. Y SE DA LA CIRCUNSTANCIA DE QUE TODOS LOS GRUPOS POLÍTICOS ACREDITADOS POR LAS URNAS DEL PUEBLO, VOTARON POR UNANIMIDAD Y DE PLENO ACUERDO A FAVOR DE MANTENER EL ARTÍCULO EN EL NOMBRE DEL PUEBLO.

Ruego, pues, a quiénes este memorando leyeren, que intenten de buena fe aportar algo de sentido común y alguna sensatez a esta mutilación tan arbitraria, que respeten nuestra historia y nuestras tradiciones, que no hieran nuestra dignidad y que nos dejen seguir llamándonos como siempre nos hemos llamado.

Con toda gratitud.

 

Firma este escrito: Leonardo Villena Villena

Calle Saleres, 17.-El Padul.-18640

Granada

([1]) Illípula se hallaba en el Sacromonte, llamado Monte Illipullitano. Lo demás, según  Lafuente Alcántara, es cierto. N. del A.

([2] ) Beatriz Galindo, La Latina, estaba casada con don Juan Ramírez de Madrid, el jefe de la artillería del Rey Católico durante la re3conquista del Reino de Granada. N del A.

([3] ) El Valle de Lecrín recibía los topónimos de IQLIM AL USAR, QUE SIGNIFICABA “LA CASA DE TODOS”, y el de GARNARA, cuyo significado no me ha trascendido. Con La Alpujarra, porque hay historiadores que fijan el lindero de esta comarca en el lugar del Suspiro, recibían el topónimo conjunto de “TIERRA DEL SIRGO”, por la seda que criaban.

([4] ) CODOIN.- Salvá y Sáez de Baranda.

flamenco-granada

Ha sido una suerte para todos los españoles que algo tan unido a nuestro sentimiento y a nuestra cultura, como el cante y el baile flamenco, haya sido galardonado con el distintivo de Patrimonio de La Humanidad. (más…)

La Ermita de San Sebastián fue construida con, limosnas y donativos principalmente de los hijos y vecinos de esta Villa de El Padul, como consecuencia del “Voto o Promesa Solemne” que en el año de 1692 hiciera todo el Vecindario de guardar perpetuamente con ayunos, oraciones y procesión solemne la Fiesta de San Sebastián en agradecimiento de haberles librado de “La Peste” del año de 1679.
Que por Escritura pública del 12 de Diciembre de 1766 el Ayuntamiento de El Padul cede a favor de dicha Ermita y su Culto, » Un sobrante de tierra como dé cuatro marjales por bajo del Cercado de la Ermita «.- Los linderos de dicho sobrante de tierra, que es lo que hoy llaman “Huerta” se determinan así en la mencionada escritura : » Linda por Levante y por el Norte con dicho Cercado y con la Acequia que viene del Río de Dúrcal ; por el Sur y por el Poniente con dichas tierras ; y viendo no tener cómoda división, tienen tratado de ceder dicha tierra a la Ermita de San Sebastián para su mayor culto .
Que justamente con la Ermita, se ha edificado adosada y comunicada con ella la Casa del Ermitaño.
Que el pedazo de tierra de secano de mala calidad, conocido en el pueblo con el nombre de » Haza de San Sebastián” y que mide una extensión superficial de 672 m2 perteneció siempre a esta Emita, como consta en el Archivo del Ayuntamiento en los libros llamados de Apeo .
Consta que los Capellanes y Ermitaños eran nombrados por los Prelados Granadinos, efectuándose el primero en el de 1782 y el ultimo de Capellán en 1876,-
El Capellán y el Ermitaño recogían limosnas en los tiempos de cosecha para el Culto de la Ermita ; y disfrutaban de la Casa, Huerto y pedazo de tierra.

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Registro de la propiedad intelectual.GR_385-14
En los albores del siglo XVII, con el rey Felipe III en el poder, los moriscos fueron expulsados de  LOS REINOS DE ESPAÑA, INCLUYENDO EL REINO DE GRANADA, porque la Santa Inquisición, que quizá haya sido el más eficaz de los servicios secretos que, hasta el presente, haya existido en la Historia de España, denunció que habían aprehendido en Valencia a un agente secreto,(no sabemos si es verdad o es mentira)  costeado por Inglaterra y descargado de un  barco inglés, que tenía como objetivo sublevar a los moriscos levantinos para debilitar a las fuerzas españolas de un supuesto y proyectado ataque inglés a España. Sabiendo el rey el problemón que España tenía con los piratas berberiscos del norte de África, que le asolaban todas las marinas, y el pozo sin fondo que la guerra de Flandes y las posesiones italianas suponían para España, el rey  Felipe III, aconsejado por la Santa Inquisición, ordenó que se expulsara a  TODOS LOS moriscos y que solamente quedaran aquí los cristianos viejos que pudieran acreditar tal condición mediante un certificado de limpieza de sangre que, ¡como no!, extendía la Santa Inquisición previo pago de una cuota asequible para los más opulentos.

El proceso de expulsión de los moriscos fue una larga tragedia general que duró algo así como UN LUSTRO. Y con la tragedia general, se pueden referir bastantes tragedias familiares y particulares, pero no es mi intención, al cabo ya de más de cuatro siglos, abrir heridas que, aunque cauterizadas y borradas por el tiempo, puedan ser esgrimidas por nadie.

Los moriscos se fueron de España, injusticia sin paliativos, y muchos pueblos, aldeas y alquerías llegaron a quedar semidespoblados, y digo semidespoblados porque ya habían sido muchos los repobladores cristianos que habían ido ocupando las casas y las tierras que los moriscos habían abandonado desde que Los Reyes Católicos TOMARON El Reino de Granada.

A los repobladores cristianos que venían  de otros reinos o regiones, se les entregaba una casa abandonada o se le ayudaba a construir una nueva; se le regalaban, con cargo a la corona, una caballería, los aperos de labranza precisos, las semillas para que sembraran el primer año, semillas que tenían que devolver con la primera cosecha, y una suerte de tierra, o dos, según sus deseos y sus pretensiones laborales. Pero con estas condiciones, los nuevos colonos habrían de cumplir otras, como, por ejemplo, la imposibilidad de cambiar la residencia dentro de España. O sea, que los nuevos colonos cristianos, si no les iba bien en su nuevo hogar del Reino de Granada, podrían emigrar a América pero no podían irse a vivir a ningún otro lugar de España. Y, atraídos por las regalías, vinieron aquí muchos colonos de toda España , razón por la cual, en el Reino de Granada tenemos el léxico más rico de toda la lengua castellana, además de las aportaciones lingüísticas de los 118 años que convivieron los moriscos, cristianos nuevos todos, con los repobladores.

La Curia, que era prácticamente la administración del Estado, aceptaba a todos aquellos labriegos o pastores o gentes de oficio que desearan venirse y ellos mismos les adjudicaban un destino. Pensando en estas circunstancias, hubo doce familias que fueron destinadas al lugar de Dílar. Y se pusieron en marcha hacia su nuevo solar. Pero, al llegar a esta localidad, se tropezaron con que las tierras libres de este término municipal le habían sido otorgadas a un señor, con el título de marqués, y en Dílar no quedaba tierra que adjudicar ni romper. Los jueces del Santo Oficio le buscaron solución: en la vecina villa de El Padul quedaban muchas tierras que adjudicar y que labrar y decidieron avecindarlos en El Padul. Pero se tropezaron con otro problema: La Pragmática Real que prohibía que los colonos pudieran cambiar de lugar de residencia.O sea, que los colonos de Dílar no podían avecindarse en El Padul. ¿Que pasó entonces?.Pues que el problema tuvo solución: se construyó un barrio nuevo, en las afueras del Padul y distanciado como trescientos pasos del casco urbano, que se registró como un barrio más de la localidad de Dílar . Por tanto, los vecinos de este barrio, que oficialmente eran residentes en Dílar, tenían la obligación  de asistir a los oficios religiosos de su parroquia, que era la de Dílar, y de asistir a todas las manifestaciones religiosas que en su localidad se celebraran. Este caso, que en su génesis pudo ser único, no lo fue en su desarrollo porque cuando se fundó la Archidiócesis de Granada ,(¡Ojo!, la diócesis de Granada ya existía antes de la invasión musulmana, ¡pero no existía la archidiócesis!) los lugares  de Dúrcal y de Nigüelas fueron catalogados como anejos de la parroquia de El Padul y, hasta que se les crearon sus propias parroquias, durqueños y nigüeleros hubieron de asistir a los oficios religiosos de la parroquia de El Padul, posteriormente calificada como sede del ARCIPRESTAZGO del VALLE DE LECRÍN.

El barrio de Dílar acogió a doce familias y fueron doce las casas de labor que hubo en él. Y fue ésta, y no otra, la causa por la que existe todavía la costumbre de peregrinar a «LA VIRGEN  DE DÍLAR» cada día quince de agosto.

Descarga gratis la Aproximación a la Biografía del General Pérez de Herrasti por María José Villena Villena y Leonardo Villena Villena: GENERAL PÉREZ DE HERRASTI (más…)

Registro de la Propiedad Intelectual GR-173-14.

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Corrían los días del mes de abril de 1,491 cuando la reina Isabel hubo de abandonar la ciudad de Santa Fe para irse a poner orden entre la nobleza castellana, que andaba casi siempre de gresca en gresca, y a buscar socorros económicos. El rey Católico, don Fernando de Trastamara y Enríquez, que había quedado al frente de las tropas cristianas que asediaban la ciudad de Granada, supo que el rey Boabdil aprovechaba la complicidad de la noche para demandarle socorros alimenticios al Valle de Lecrín, la última alacena de la Granada mora, suministros que destinaban a los ancianos y a los enfermos y para la propia casa real granadina. (más…)

desdeelvalleBreve y bonita colección de poemas y de relatos breves que describen las vivencias del autor en el que calificó como cuarto río del edén. El encanto de la vida rústica y campesina, entre naranjos y olivos, las vivencias de sus alumnos y las de «Pepico», con el candor propio de la inocencia, lo trasladarán a usted a un mundo tan real que la realidad de nuestros días ha transformado en irreal. Pero el encanto de aquellos días sigue aprisionado entre los relatos y los poemas que crearán un remanso de paz en sus sentimientos.

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Villena es el autor de la novela «…Y se fue con el viento de arriba…» publicada por la editorial Dulcinea en Granada el año 2007.

Esta obra entronca con el Realismo del siglo XIX representado por José María de Pereda, Juan Valera, Leopoldo Alas Clarín, Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán, que a su vez sabe enlazar con la rica tradición realista de la novela picaresca y, sobre todo, con el Quijote.

Además existe también en los años cincuenta la llamada «novela realista social», novela crítica y comprometida representada por Miguel Delibes, Rafael Sánchez Ferlosio, Ignacio Adecoa, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Juan Goytisolo… que nos sirve como antecedente próximo para seguir conectando la novela de Leonardo Villena con movimientos realistas dentro de la literatura española, esta vez del siglo XX.

La técnica narrativa de Villena utilizada en su novela es la propia del Realismo: observación minuciosa de la realidad, narrador omnisciente -que conoce todo lo que va a suceder y lo adelanta- numerosas descripciones, diálogos vivos, reales, y algunos monólogos introspectivos. Destaca por la naturalidad con que expresa su detallada observación de la sociedad de su tiempo y de su localidad, Padul.

Combina con acierto el habla coloquial con la voz sencilla y culta del narrador. Autor inteligente y de gran cultura, en su obra sobresale la profundidad de sus planteamientos y el análisis de caracteres, que aportan a su novela un alto grado de perfección en el análisis psicológicos de los personajes -minucioso análisis de sus protagonistas y de la sociedad de Padul.

Utiliza el monólogo interior, procedimiento narrativo característico de la novela contemporánea. A través de él un personaje deja fluir libremente su pensamiento sin la mediación del narrador. Con el fin de acercar el lector al mundo interior del personaje.

Es Leonardo Villena un gran representante de la novela realista de ámbito local y regional.

En cuanto al contenido, la acción de la novela «…Y se fue con el viento de arriba…»  gira en torno a su protagonista, Manuel Garzón, El Cubano, cuya existencia se ve mediatizada porque participó en la guerra de Cuba y regresó a su pueblo veinte años después. El relato se organiza en función del choque con la realidad que sufre el personaje, por el reencuentro con el gran amor de su vida, Florita, y por la situación sociopolítica de la España del momento: II República.

La novela se desarrolla en Padul, localidad de la provincia de Granada, donde El Cubano, pretende rehacer su vida de forma sencilla y tranquila pero sus deseos se verán truncados por las razones mencionadas.

De forma casi imperceptible para el lector Villena organiza su relato en torno a unos personajes reales, históricos, y su mérito es hacerlos creíbles al lector y para ello nos describe con maestría lo que hacen, lo que dicen, y lo que piensan en un marco histórico concreto.

El proceso por el que al cubano se le complica la existencia es cuando su mujer, Florita, tiene la certeza de que no podrá volver a ser madre después de dos desgraciados episodios de maternidad, problema que se desarrolla inmerso en la crisis y degradación de la II República que culminará en la Guerra Civil.

aventando en la era con su hermano juan

En cuanto a la organización del relato Villena se sirve de un narrador omnisciente que va desvelando con minuciosidad el entramado del mundo novelesco. El narrador omnisciente en este caso presenta una particularidad: se trata de un narrador-personaje que interviene de forma más o menos directa en los acontecimientos, es decir, un narrador que pertenece al mundo novelesco. Esta fórmula narrativa produce en el lector una sensación de cercanía a lo narrado que lo lleva a aceptar como real lo contado por el autor. En la novela «…y se fue con el viento de arriba…» la fórmula del narrador personaje es muy eficaz porque conjuga lo público y lo privado, la historia real y la ficción novelesca, de tal manera que el suceso histórico de la II República sirve de contrapunto a lo narrado en el terreno de lo novelesco. De esta fusión de lo histórico y lo novelado se deriva que los acontecimientos y personajes adquieran verosimilitud. Además, el marco histórico explica el modo de ser y de comportarse de los personajes.

En cuanto al estilo del escritor Leonardo Villena, básicamente realista, se caracteriza por: tono narrativo conversacional, reproducción del habla cotidiana de la vida diaria de un pueblo agrícola y ganadero, caracterizada por la sencillez, la espontaneidad, el uso frecuente de modismos propios de Padul, y una gran variedad de registros idiomáticos. Expresiones coloquiales puestas en boca de los personajes, palabras que nombran objetos y acciones características de la localidad, diminutivos, empequeñecedores y afectivos, derivados sorprendentes, léxico popular, expresiones humorísticas, y una riqueza de vocabulario absolutamente sorprendente. En los diálogos y las descripciones cinegéticas alcanza Villena momentos realistas de extraordinaria belleza formal.

Por todo lo comentado, puedo concluir que es una obra magnífica cuya lectura recomiendo.