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Corrían los días del mes de abril de 1,491 cuando la reina Isabel hubo de abandonar la ciudad de Santa Fe para irse a poner orden entre la nobleza castellana, que andaba casi siempre de gresca en gresca, y a buscar socorros económicos. El rey Católico, don Fernando de Trastamara y Enríquez, que había quedado al frente de las tropas cristianas que asediaban la ciudad de Granada, supo que el rey Boabdil aprovechaba la complicidad de la noche para demandarle socorros alimenticios al Valle de Lecrín, la última alacena de la Granada mora, suministros que destinaban a los ancianos y a los enfermos y para la propia casa real granadina.

Hacía ya más de un año que El Zagall había vuelto a su feudo alpujarreño, cuya capital era la ciudad de Cobda, (antes llamada El Presidio de Andarax y actualmente Fuente Victoria), para vendérselo a Castilla, compartir el importe con su cuñada Zoraya (El Lucero de La Mañana) y marcharse a Tremecén, en la actual Argelia, donde apuró sus cortos días, pues murió a la edad de 44 años.

En el camino de ida, en la marcha definitiva hacia El Andarax, El Zagall, (que, para confiar a los defensores, siguió de largo, en el día, hacia sus tierras) volvió en la noche y asaltó el castillo de El Padul, pasando a cuchillo a todos sus confiados defensores, por ser partidarios de su sobrino Boabdil. Éste, que vio peligrar sus últimos suministros, reaccionó de inmediato y reconquistó el castillo usando los mismos procedimientos que su tío. Al parecer, actuó con tal rapidez que no le dio tiempo al Rey Católico a intervenir. Al rendirse, el rey Católico le había limitado Al Zagall a doscientos el número de sus guerreros. O sea, que, frente al ataque de Boabdil, la fortaleza de El Padul no se hallaba demasiado bien pertrechada de defensores.

Como el objetivo principal de Los Reyes Católicos era el de provocar la rendición del Reino de Granada con el menor coste posible de vidas, con la ayuda del Zagall, antes de irse, había enviado al conde de Tendilla y a sus principales adalides a destruir los panes y a robar los animales domésticos que pudieran alimentar o servir a los granadinos. En consecuencia, el rey Boabdil, urgido por las necesidades alimenticias, hubo de desplazarse varias veces, en la noche, hasta el Valle de Lecrín

Val del Iqlim era su nombre moro, aunque el nombre completo era el de Val del Iqlim Al Usar, que significaba “VALLE DE LA CASA DE TODOS”; o sea, que la expresión IQLIM AL USAR significaba “LA CASA DE TODOS”, quizá por la bonanza de su clima o por la hospitalidad de sus habitantes. También recibía el nombre de “GARNARA”, cuyo significado no me ha trascendido. Debido a sus primorosas labores con la seda, el Val del Iqlim, Valle de Alecrín primero y de Lecrín después -por deformación fonética castellana- y La Alpujarra recibían conjuntamente el nombre de “RASIS”, que quería decir “TIERRA DEL SIRGO” o “TIERRA DE LA SEDA”

El rey Católico dudaba si entrar en liza o no con los granadinos, en ausencia de la reina, y quizá esperaba su retorno para darles el último ataque. Era evidente que las luchas entre moros y cristianos habían quedado reducidas a pequeñas escaramuzas y a duelos de honor, como los que hubo, por ejemplo, junto a las tapias de la fortaleza de Alhendín entre el Gran Capitán y uno de los hermanos Alí-Attar, cuñados de Boabdil, (el otro era, a la sazón, el alcaide de la fortaleza de Salobreña) o como la de Hernán Pérez del Pulgar, por el problema del Ave María, contra Muza Ben Abul Gazul.

Este Muza Ben Abul Gazul no era el Muza Ben Nusayr que acompañó a Tarik Abenziet en la conquista de España y que, derrotado en el Barranco de Tablate por el obispo visigodo Otogerio, (o Centerio) hubo de retirarse al Padul –“…cuatro leguas tierra adentro del barranco de Béznar”…– para dejar que los cristianos, refugiados en La Alpujarra, pudieran emigrar al norte de España; y parecía como si el rey esperara a que la hambruna acabara por poner de rodillas a Boabdil.

Cuando supo que éste buscaba los suministros del Valle, en la noche, y que gracias a ellos iban saliendo adelante, aunque las gentes se le murieran de hambre por las calles, El Católico decidió darle un último apretón de tuerca a la situación y, en los primeros días de mayo, le ordenó a don Diego López Pacheco, Marqués de Villena, que organizara una razzia por El Valle, para destrozar panes y cosechas y cautivar a cuantos moros pudieran alcanzar, aunque habría de respetar las vidas y haciendas de los moros que se le rindieran.

(El de Villena que, al principio, fue un poderosísimo detractor de los Reyes Católicos, ahora les era completamente fiel y la reina Isabel, que lo había rehabilitado ante la corte, le devolvió el título de marqués y los bienes y el feudo que le había confiscado a su padre en tiempos pasados. A los marqueses de Villena, siempre problemáticos con todos los reyes, les fueron confiscados títulos y feudos en tres ocasiones diferentes y otras tantas les fueron restituidos).

Para reforzar a las mesnadas del de Villena, el Rey Católico lo acompañó hasta El Padul, donde estableció sus reales. Así se lo explica el mismo rey a la reina, en carta escrita de su puño y letra, en los primeros días de mayo de 1.491 ”… Me hallo en la VILLA de EL PADUL, con diez mil de a caballo, esperando el retorno de el de Villena”. Le especificaba que había montado sus reales en un lugar apellidado El Puntal y que abrevaban en unos aguaderos de las inmediaciones (Las Fuentes Altas).

El marqués de Villena arrasó el Valle de Lecrín y, al retorno, con una enorme pérdida de vidas humanas, logró conquistar la fortaleza, pasando una vez más, la tercera en poco tiempo, a cuchillo a sus defensores. (Creo que puedo decir, sin miedo a equivocarme, que la Reconquista empezó en Covadonga y acabó en El Padul) El rey Católico visitó la Villa y, para reconocerle la gesta al de Villena, para ennoblecerlo aún más, al cortarle la última vía de suministro a Granada, lo nombró ALCAIDE DE LA VILLA DE EL PADUL.

Aunque posteriormente hubo pequeñas refriegas entre moros y cristianos, Boabdil comprendió que su reino ya era indefendible y aceptó las negociaciones para la rendición. Por el lado cristiano, los representantes de los reyes fueron don Gonzalo de Córdoba y don Hernando de Zafra; por el lado moro, si mis datos son ciertos, fueron El Maleh y Aben Comixa, negociadores que ya habían recibido sobornos del Rey Católico para que indujeran a Boabdil a capitular. Las entrevistas se desarrollaron en secreto, en la alquería de Churriana de La Vega y, en estas primeras negociaciones, al parecer, el rey Católico le otorgó a Boabdil el Señorío del Valle de Lecrín, con capitalidad en Mondújar. No se entiende de otro modo que Boabdil se llevara a los sótanos de la mezquita de esta villa la rauda con los restos mortales de sus antepasados granadinos, lugar donde, convertido en iglesia, reposan todavía.

El Rey Católico, que era un gran estratega, comprendió que, si le otorgaba tal feudo, vería cortado el camino de sus tropas, en el caso de que hubiera algún desembarco musulmán en las costas granadinas. Hemos de tener en cuenta que los turcos avanzaban ya por Egipto, en la conquista del norte de África, y, quizá por ello, le cambió a Boabdil el feudo del Valle de Lecrín por el de La Alpujarra, cuya capital era Cobda.

Posteriormente, el mismo rey Católico, TRAS LA TOMA DE GRANADA, les otorgó el señorío de Órgiva a Cad y Nasar, los hijos que Zoraya tuvo con Muley Hacén, aunque, casi de inmediato, les cambió el señorío de Órgiva por otras villas, en tierras leonesas, en donde los apartó de cualquier contingencia; y esta rama de la familia nazarita se difuminó para La Historia. Pero los alejó de la posibilidad de encabezar una temible rebelión, con el socorro turco, contra la corona, YA ESPAÑOLA.

En el camino hacia el destierro, Fátima, conocida como Aixa La Horra, supo que habrían de hospedarse en los bellísimos alcázares califales de esta ciudad (Cobda, que actualmente tiene varios cientos de habitantes, gozaba y goza del rango de ciudad desde tiempo inmemorial; sin embargo, cosas de la política y sarcasmos de la vida, la ciudad de Cobda es hoy un anejo de la Villa de Fondón, en El Valle del Andarax). En tales alcázares, de enorme belleza arquitectónica, era donde había morado su cuñado El Zagall, asesino directo de dos de los hijos de Fátima, (Aixa), uno por su propia mano y el otro, mediante una fatua; y esta mujer, que jamás se arrugó ante nada, le mandó a decir al rey Católico que ella no moraría en el mismo palacio que el asesino de sus hijos. El rey Católico, que tenía una esposa semejante, de armas tomar, comprendió la situación y los autorizó para que ocuparan el castillo de Laujar.

Hoy, la rauda nazarita se sigue hallando en los sótanos de la iglesia parroquial de Mondújar; un palacio califal, el de Cobda – el antiguo Presidio, desde la dominación romana- se halla destinado a las funciones municipales del municipio de Fondón y el bellísimo alcázar granadino donde moró El Zagall es un corral y cuadra de ganado, donde escarban felices los conejos, las cabras y las gallinas. El castillo de Laujar está en peor situación porque, tras la demolición de los castillos y alcazabas del Reino de Granada que ordenó el rey Católico, tras la sublevación morisca que provocó el Cardenal Cisneros, en el año 1.499, sobre sus ruinas se hallan varios chalés de turistas extranjeros, mientras que una parte del adobe de sus muros inferiores ha sido apartada para construir casas. Apenas quedan ya visibles algunos trozos de cimientos y de muros, con sus correspondientes mechinales. A varios cientos de metros, en el mismo Laujar de Andarax, la casa en donde fue asesinado Aben Humeya, que fue propiedad de su familia, ha sido demolida para construir sobre el solar una casa nueva, donde pusieron una tienda. Unas imágenes exteriores de esta casa, de la casa de los Aben Humeya en Laujar, -¡quizá las últimas!- creo que las tomó Paravisa. Pero, por más que lo intentamos, con un día de lluvia intensísima, no pudimos entrar dentro, pues la casa estaba cerrada. ¡Que pena da nuestro patrimonio histórico, que no hay quién se compadezca de él!

Firmado: Leonardo Villena Villena. DNI:74.547.696-G

Una respuesta

  1. Me gusta mucho la forma de escribir de Leonardo, cuando coges un libro y comienzas a leerlo no puedes dejarlo porque «pica» la curiosidad de seguir en la página siguiente. Pienso que si alguna editorial le hubiera dado una sola oportunidad, hoy sus libros estarían en medio mundo

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